Cómo acabar de una vez por todas con la "cultura"
Estamos reunidos aquí para acabar de una vez por todas con la "cultura", una masa de ideas relativistas que son en realidad la carnada perfecta al servicio de este mundo imaginario. La "cultura" es un virus que tortura y degenera gradualmente a la Cultura (la verdadera, la propia, la que no lleva "")
jueves, mayo 18, 2006
domingo, mayo 14, 2006
Acabar con el "kitsch": cómo dejar de ser tan ridículos

A veces me siento solo. No sé, miro a mi alrededor y veo enanos de cerámica en medio del césped de algunas casas, patos de plástico adornando las cocinas o la misma pintura anónima en el consultorio del dentista, del médico y el psicoanalista. Y no concibo otra idea referente a estos objetos que no sea la de su absoluta destrucción.
Las tres cosas mencionadas son ejemplos de "arte" kitsch. Este pseudo estilo artístico se podría definir como "todo lo que no es genuinamente sentimental o artísticamente auténtico, pero pretende serlo".
Ahora, ¿Cómo surgió? ¿Por qué estoy escribiendo sobre eso? ¿A quién le importa y para qué sirve saber estas cosas?
Bueno, el kitsch surge más o menos a la par que la sociedad de consumo como la conocemos hoy, y aunque esta no es su creadora, sí es el medio por el cual ha prosperado. El término se utilizaba en Alemania dentro de los círculos de venta de pinturas para denominar a aquellas obras baratas, copiadas o fácilmente reemplazables.
Milan Kundera hace una referencia más amplia y filosófica del kitsch. Hacia el final de La insoportable levedad del ser, describe el pensamiento kitsch como aquella corriente cuya máxima fundamental es ocultar por todos los medios las características desagradables, bizarras, escatológicas del hombre, dejando como semblante del mismo únicamente a su parte bella y sublime. Kundera entiende que esto implica la existencia de un hombre privado de sus características más humanas. “el kitsch excluye de su campo de visión todo aquello que la esencia humana tiene de esencialmente inaceptable”, explica el escritor checo.
Las ideas kitsch hacen eco en los pasillos de galerías de arte y supermercados. Suenan más o menos así: ¿Para qué mostrarle a la gente que el ser humano defeca, orina, maldice, se entrega a la lujuria, pierde la paciencia, siente ira, terror y un secreto anhelo de destrucción?
Y en ese afán de ocultar las pasiones más bajas de la humanidad, crean justamente lo contrario: Dulces enanitos de jardín, lindos patitos de colores… canciones rosa para las quinceañeras… cuadritos de niños sonrientes para los pediatras… Titanic para los cinéfilos, Simplemente Mariela para los televidentes, etc. Darle a la gente una versión bonita de la vida resultó ser un negocio multimillonario.
La asimilación de las minorías inconformes con el kitsch fue más sencilla. Teniendo un referente tan extremista, el paso lógico de sus detractores fue crear un Némesis perfecto, una construcción significante carente de toda estética y que niega toda cualidad trascendente del sujeto humano: Así se explica la existencia de la cultura dark, las bizarras películas de parodia del siglo XXI y algunas de las ideas más revolucionarias de los departamentos de Recursos Humanos de las empresas.
Dos extremos del mismo ser humano, cuya esencia no halla una salida luego de quedar atrapado entre patitos y conjuros satánicos. No obstante, ambos pensamientos tienen algo en común: carecen de ética.
¿Puede algo llamarse arte, negando parte de la naturaleza del hombre? ¿No es el arte, al fin y al cabo, una representación amalgamada del intelecto y la subjetividad humana? ¿No es un absurdo el kitsch y no son fatales sus consecuencias en la sociedad?
Así que por favor, saquen esos artefactos que no tienen función práctica o estética en sus casas. Cuelguen una pintura que no haga juego con el color de la pared, pero que sea tan poderosa en contenido que la combinación con el muro no importe.
A trabajar.







